EL MIEDO AL CONFLICTO

     Hay veces que observamos en los demás algunos comportamientos o actitudes que pueden llegar a hacernos sentir mal, depende del nivel de ese sentimiento, puede afectarnos solo un poco, o puede llegarnos a amargar la vida si eso que observamos en otro que no nos gusta, se repite un día tras otro.
      Lo ideal sería ir hacia la persona que nos ha hecho daño o que se está comportando de una manera que no le conviene, y tener el valor de decírselo para poder ayudarle a mejorar y sobre todo para poder quitarnos esa espinita que llevamos por dentro, que como la dejemos mucho tiempo dentro se puede convertir en un puñal sangrante.
Eso sería lo ideal, pero muchas veces no lo hacemos, por lo de casi siempre, por miedo: miedo a que reaccionen mal y se nos vuelva en contra, miedo al rechazo de los demás hacia nosotros, miedo a que piensen que soy un impertinente, miedo a que sean cosas nuestras y acaben como siempre quitándome la razón y acabar siendo yo el malo.....
     Lo primero que tienes que saber que un conflicto no es una bronca ni una discusión. Yo entiendo como conflicto dos o más puntos de vista sobre una misma situación que chocan, pero donde hay un diálogo en el que todas las partes se escuchan y hablan, nunca compitiendo por quién lleva la razón, puesto que la razón la pueden llevar todos, sino llegando a un acuerdo para estar en armonía con esa situación. Así que hay que meterse en la cabeza que un conflicto es un conflicto, y una discusión es una discusión, no tienen nada que ver.
      Deberíamos pensar que con ese miedo a plantar cara a la situación (conflicto), lo único que conseguimos es quedarnos con algo dentro que nos va comiendo poco a poco, y que al no solucionarlo con la otra parte, también conseguimos que la otra parte no reaccione, y siga por el mal camino. Y si lo piensas, por culpa de tu miedo, estás dejando de ayudar a otro al que le hace falta posiblemente escucharte para abrir los ojos.
      Lo que quiero decir es que los conflictos son buenos y necesarios, nos hacen aprender, solucionar situaciones que nos tienen comiéndonos la cabeza, ayudan a otros a ser mejores. Los vamos a tener siempre hasta el día que muramos, así que tómatelo como parte de tu vida y no les tengas miedo, porque repito, son necesarios.
     Sólo tú decides si vas a pasar del conflicto a la discusión, y para que eso no ocurra lo único que hay que hacer es ponerse en el lugar del otro (aunque el otro no se ponga en el tuyo), saber expresarse sin atacar y no ir con intención de ganar, sino de llegar a un acuerdo. 
     Espero que os sirva de ayuda. Muchas Gracias.

Si te ha gustado esta entrada, descárgatela en .pdf aquí.