LA HISTORIA DE UN CHAVAL Y SU CONSUMO


   Hoy os voy a contar una historia, o un relato, no se como llamarlo la verdad, porque es la primera vez que escribo algo así. Está basado en un hecho real. Trata sobre un chaval que le tengo que poner un nombre, se va a llamar Isra, por ejemplo, aunque todo su entorno le conoce como "El Isra". Comienzo desde su infancia:

     Isra nació entre una familia humilde, normal, en un barrio multi cultural, en una ciudad relativamente pequeña. Sus primeros recuerdos ya empiezan a ser un poco difíciles, en su casa había muchos gritos, muchos insultos y muchas cosas raras que él las veía como algo normal, porque claro, no conocía otra cosa. Lo veía como algo normal pero a la vez no le gustaba un pelo. También recuerda como él teniendo 7, 8, 9 años tenía que enfrentarse a las personas adultas de su casa para que hubiera un poco de tranquilidad, no lo hacía de la mejor manera porque siendo un niño no tenía sabiduría suficiente para afrontar los problemas, pero su intención siempre era que hubiera paz. Cuando digo que no lo hacía de la mejor manera me refiero a que su táctica de intentar serenar el ambiente era a base de más gritos, más insultos, incluso deseando la muerte a su propia familia. El otro recuerdo que tiene es que su única manera de encontrar paz era construyendo como otra especie de casa pero en su propia habitación, se la montó de tal forma que no necesitaba salir de allí, porque allí lo tenía todo, y además los gritos y los insultos que había fuera de ese cuarto se habían convertido en un ruido de fondo que ya no le afectaban casi. Solamente salía para ir al colegio y poco más. Le encantaba el hip-hop y esa era su mayor motivación. Aunque ya había conseguido más o menos vivir tranquilo, en el fondo Isra era un niño muy silencioso, siempre con cara triste, y con cierta fobia social y cierto asco hacia los demás seres humanos. Pero su esencia era buena, de hecho los pocos con los que tenía relación fuera de su familia, le tenían como una gran persona.
      Luego ya empezó a venir la etapa de la pubertad, el cambio al instituto y tal. Como Isra no tenía nada de amor propio, cero autoestima, su mente comenzó a fabricar complejos físicos y de comportamiento que le hicieron cogerse asco a si mismo, y su manera de afrontarlos fue intentando dar una apariencia de ser un chico que le daba todo igual, no parecía tener empatía con nadie, comenzó a tener un vocabulario muy ofensivo y humillante hacia los demás. Pero en realidad era un chico super sensible, todo le afectaba, sobre todo las injusticias y que se metieran con el más débil, porque en verdad esa era su propia esencia de la que hablaba antes, y esa esencia salía muchas veces a relucir, porque aunque intentara evitarlo, no podía soportar ver sufrir a nadie. En este tiempo transcurrido desde la infancia a su pubertad, Isra seguía teniendo como refugio su cuarto, del que intentaba salir de allí lo menos posible. Hasta que un día todo cambió. ¿Y que pasó? pues que como el chaval, ya con 14 años, se esforzaba mucho por tener esa apariencia de chico peligroso, un día no fue al instituto, y se fue por ahí con otros compañeros y probó su primer porro. En esa época, aquello fue unos de los mejores momentos de su vida, porque nunca se había reído tanto y encima se estaba relacionando con personas sin tener que aparentar nada, simplemente se reían y hablaban de jilipolleces sin sentido, lo típico que hacen los porros. Enseguida lo cogió por costumbre. Pero luego añadió otra costumbre más, fumar en su cuarto en el que todo el mundo tenía prohibida la entrada, y eso es otro recuerdo maravilloso que tiene: llegar a casa, tumbarse en su cama, fumar maría y poner sus discos de hip-hop, que además ya no sonaban igual que antes, ahora todo era diferente, no podía comprender como no se había dado cuenta antes de que esa música era tan elaborada y tan fantástica, los creadores de aquello para Isra eran auténticos genios. Luego añadió otra costumbre más, irse de botellón y agarrarse unas borracheras de fliparlo, y encima como en su casa no había límites ni normas, podía llegar en las condiciones que quisiera, a la hora que quisiera, que nadie le iba a decir nada.
    Pasó el tiempo, el chaval ya directamente ni iba al insituto, todo suspenso, y su vida se resumía en estar de fiesta o en su cuarto fumando. Pero él era feliz, porque había superado su fobia social, sus complejos y además le daba exactamente igual ya si fuera de su cuarto se estaban matando. Ya había conseguido vivir tranquilo, y su única aspiración era mantenerse así, y su futuro quería que fuera así siempre.
     Ya cumplió la mayoría de edad, decidió salir de su barrio y se fue a buscar trabajo a otra ciudad que podría estar a 800 km de su casa, lo encontró porque en aquellos tiempos no existía la crisis. Allí sí que empezó a disfrutar de la vida, le entretenía mucho su trabajo, encontró gente que no paraba de fumar igual que él y además, como nadie conocía su pasado, ni conocían como había sido su manera de ser anteriormente, se sintió totalmente libre, se fabricó una personalidad que a los demás les encantaba, y a él mismo también, en fin, super feliz. El Isra había pasado de no salir de su cuarto a ser un "culo inquieto". Continuó recorriendo España trabajando y siendo el rey del universo, hasta que encontró un sitio que le gustó, y decidió echar raíces allí, a 2000km de su ciudad de origen. Además no tenía que aguantar movidas de la familia, ya había tenido bastante.
      Ahora sí que de verdad era féliz. Y todo gracias a lo bien que te hace sentir la marihuana, como consigues olvidar todos tus problemas y seguir con tu vida sin ningún tipo de molestia, además entretenido y riéndoSe mucho.
     Isra ya tenía 20 años, y como dije antes, decidió echar raíces en aquel lugar que le gustó tanto, era un sitio muy diferente a su ciudad de origen. Enseguida encontró trabajo, un piso para vivir el solo, hizo muchas amistades, dio con gente que le ayudó mucho.
No tenía preocupaciones de nada, ganaba mucho dinero, le sobraba para pagar todo. Su rutina de vida se había convertido en trabajar, fumar y fiesta. No llevaba unos hábitos de vida muy saludables, puesto que la mitad de los días iba al trabajo casi sin dormir, a lo mejor solo hacía una comida diaria y mal hecha, su único día libre lo dedicaba prácticamente a dormir y fumar. Pero bueno, él consideraba que tenía que vivir su juventud a tope antes de hacerse mayor, y así lo hacía.
     Así estuvo durante más o menos 3 años, hasta que comenzó a golpear la crisis de lleno en España. Se quedó en el paro. Y en ese momento Isra pensó "Bueno, he trabajado demasiado ya, ahora voy a tomarme unas vacaciones y voy a descansar tranquilamente mientras pueda vivir con la prestación por desempleo y luego ya me volveré a buscar la vida" Y así hizo. Y ahora su rutina era fumar, ver la tele, dormir y los días que surgía pues llamaba a los colegas y se pegaba una buena fiesta. De repente el chaval se enamoró, mucho, y además de manera correspondida, que buena suerte que lo hizo de otra persona que fumaba muchísimo. Era como un sueño hecho realidad, encontró a la pareja perfecta, estaban como predestinados. Se pasaban el día entero los dos en casa de Isra fumando y fumando, filosofando de la vida, hablando de cosas sin sentido, riéndose, y también con muchos momentos de silencio, pero un silencio muy especial. Nunca se había sentido tan feliz. 
     Tan feliz se sintió que decidió ir a visitar a la familia, que prácticamente los había aparcado de su vida, se fue dos semanitas a verlos. Que casualidad que justo al día siguiente de llegar a su tierra recibe una llamada de que una persona muy querida para él y muy joven había muerto. No supo como reaccionar porque era la primera vez que le pasaba algo así, no se atrevía a visitar el cuerpo al tanatorio, ni tampoco se atrevía a desahogarse con nadie, porque él estaba acostumbrado a dar esa apariencia de no sufrir por nada y no se podía permitir el lujo de que le vieran como alguien débil. Entonces vio la solución, meterse en ese cuarto donde había pasado tanto tiempo de niño y dedicarse a fumar y fumar sin parar. Así conseguía anestesiar el dolor que llevaba por dentro, y cuando salía de ese cuarto era para ir a emborracharse con la gente que solía hacerlo en su pubertad. El fin que tenía ese viaje era visitar a la familia y estar con ellos, pero no lo hizo, ni por asomo, se dedicó solamente a fumar y beber. Lo cual provocó un enfado general por parte de sus familiares, pero a él eso le daba igual, mientras tuviera su cuarto y sus porros los demás como si se querían matar entre ellos.
    Se acabó la visita, Isra estaba deseando volver con su media naranja que había dejado en su "segunda casa". Cogió el avión y volvió. En verdad el chaval seguía muy afectado por aquella muerte, bastante, pero bueno, tenía la solución, anestesiarse. Al llegar volvió con su rutina, estar con la persona que quería todo el día metidos en casa y fumando, a él no le hacía falta más para sentirse satisfecho con la vida. Hasta que al poco tiempo su pareja le dice que se va a trabajar fuera, de un día para otro, y se fue. Y además lo hizo de una manera muy cruel, porque Isra no fue capaz de contactar con él ni de nada, simplemente desapareció de su vida de repente. Esa situación a él le sentó mucho peor casi que la muerte de aquella persona que tanto quería. A partir de ese día empezó el hundimiento del chaval.
     Se pasaba el día entero triste, dando vueltas y vueltas a qué es lo que había hecho mal para que aquella persona que amaba se hubiera ido de repente, sacaba mil conclusiones diferentes al día, (todo siempre con la necesidad de anestesiar su dolor con un porro), pensaba que era su propia culpa porque le podía haber agobiado, luego decidía que no era así, si no que la otra persona se acercó a Isra porque tenía una fuente ilimitada de marihuana y chocolate y en cuanto vio algo mejor se largó, en fin, mil ideas que solo conseguían volverle loco, y todo empeoraba porque no era capaz de hablarlo con nadie, sentía la necesidad de hacerlo pero no podía porque nunca lo había hecho y no sabía. Su solución ante eso, que debería haber afrontado y no pudo, fue aislarse y seguir anestesiado. Ya no sabía ni lo que sentía, a ratos se hundía moralmente al máximo y otros momentos se sentía a gusto y feliz, algo muy raro. El tema es que pasó el tiempo, Isra ya estaba totalmente aislado del mundo, solo eran él y sus porros. Dejó de cobrar la prestación y ahí ya sí que empezó a venir todo lo malo que nunca él podría imaginar que le iba a pasar.
     Todo el que es fumador de cannabis, alguna vez le habrá pasado que tiene momentos que las demás personas como que le asustan o sienten que le miran mucho, o está deseando que llegue el momento de que todo el que esté cerca de él se vaya. Pues bien, como Isra había pasado todo el tiempo que duró su paga por desempleo, aislado y solo en casa, cuando reaccionó y sabía que tenía que volverse a buscar la vida para pagar el piso, comida y su consumo (no necesitaba más), se dio cuenta que no era capaz de salir a la calle, todo el mundo le daba miedo, iba a comprar al supermercado y temblaba, se le caían las cosas de las estanterías, le saludaban por la calle y él intentaba contestar pero no le salían las palabras. Cada vez que le tocaba salir a la calle su único pensamiento era volver a casa lo antes posible. Hasta que encontró una solución, emborracharse para poder salir, y así lo hizo, y funcionó. Eso sí, intentaba siempre solamente salir si era imprescindible.
     Pero ahora pasaba lo siguiente: no tenía ingresos, entonces ¿cómo pagaba el piso, compraba su dosis diaria de cannabis, su alcohol y comida? Su solución fue directamente no pagar el piso, no atender el teléfono cuando le reclamaran el dinero y aguantar así hasta que pudiera, y para la comida, el alcohol y los porros lo que hizo fue recuperar la relación con la familia mediante teléfono, pero con la única intención de conseguir darles pena, contarles todas las necesidades por la que estaba pasando y conseguir así que le enviaran dinero. Lo consiguió. Entonces ahora si vida era de la siguiente manera: fumar, dormir, beber para espabilarse, fumar, dormir, beber, no atender el teléfono, no abrir la puerta a nadie, no hablar con nadie, fumar, beber y dormir.
    Ya empezaba a ser consciente que tenía un problema, pero no del todo, porque estaba tan acostumbrado a escuchar que el cannabis no es adictivo, que además era beneficioso para la salud, además él no bebía todos los días, sino 3 o 4 por semana. Eso le quitaba la idea de la cabeza de que podía tener un problema. Ahora simplemente se dedicaba a esperar que pasaran los días tumbado en el sofá, dormir lo máximo posible, ya no tenía motivación por nada, ilusión por nada, incluso empezaba a pensar a veces que estaría mejor muerto. Este dolor siempre era anestesiado, pero ya no era suficiente con porros y alcohol, él había descubierto que lo mejor para no sufrir era dormir, así que se aficionó a los tranquilizantes, y podía estar dormido 15 horas diarias o más, y el resto del día intentando calmar su dolor por no ser capaz de salir a la calle, por seguir acordándose de aquella persona que le dejó tirado. Ya llegó el punto que era tanto el miedo que sentía hacia las personas que incluso temblaba al escuchar algún vecino por el portal, al escuchar el teléfono, se pensaba que la gente le estaba mirando desde la ventana, y decidió bajar todas las persianas y no subirlas nunca, cuando ponía la tele lo hacía al mínimo volumen posible por el miedo de que le oyeran y supieran que estaba en casa, porque cada vez estaba más cerca el momento de que le echaran de su casa, el lo sabía. Lo peor de todo es que era tanto tanto dolor y angustia, ansiedad y frustración que sentía que no fue capaz de llorar ni una sola vez, y lo que no sueltas te acaba enfermando, y así estaba ocurriendo ya. Pero para él lo peor eran los días que no conseguía tener porros, movía todos los muebles, desmontaba toda la casa con la esperanza de encontrar algún cachito de chocolate perdido. y eso no ocurría nunca. Esta situación le provocaba tiritonas, vómitos, taquicardias, las paranoias se multiplicaban, en fin una angustia total. La única solución, los tranquilizantes y a dormir.
     Llegó el día que le echaron de su casa después de 7 meses sin pagar y además no tenía ni un solo céntimo. A él le daba igual ya todo, ya poco sentido le encontraba a la vida, su única preocupación era encontrar un nuevo refugio donde encerrarse y su dosis de cannabis para poder ver su cruel situación "de otra manera más tranquila". Lo que hizo fue llamar a una de las pocas personas que seguía preocupándose por él de vez en cuando y le pidió ayuda. Se la dio. Su colega le cedió una habitación sin pedirle dinero ninguno, Isra se lo agradeció lo mejor que pudo. El amigo le notaba tan hundido y tan triste que cada oportunidad que encontraba la aprovechaba para hablar con Isra y pedirle que hiciera algo, sobre todo le decía que intentara salir a la calle y buscar una motivación y también que lo mejor que podía hacer era volver con su familia, y claro, en lo que más insistía el colega era que intentara dejar los porros, porque le notaba que se le estaba quedando cara de ido, que estaba como paranoico siempre mirando a su alrededor como si le estuvieran persiguiendo, que no abría la boca si no lo justo y lo imprescindible. La contestación más común de Isra era: "todo eso que me estás diciendo, ya lo sé, y la teoría me la tengo bien aprendida, pero lo mío ya no tiene solución, sólo lo entenderías si estuvieras en mi piel". La impotencia y la frustración que sentía el amigo al ver a alguien apagándose poco a poco y perdiendo la ilusión de vivir y enfermando cada vez más, es indescriptible.
     Isra tomó la decisión, apartarse de en medio, seguir sacando todo el dinero que pudiera a la familia para poder comprar chocolate y esperar a que llegara el día de poder hacerlo. Cada mañana que se levantaba su pensamiento era "a ver si hoy tengo cojones y me quito la vida". Gracias a la insistencia de su amigo, Isra cogió un avión y se fue a visitar a la familia (para coger ese avión tuvo que emborracharse claro, porque su nivel de miedo hacia las personas desconocidas había llegado al límite), se fue con billete de ida y vuelta. con la intención de despedirse de la familia a su manera y volver para acabar con su existencia.
     Al llegar a su ciudad natal, causó una impresión increíble, porque estaba extremadamente delgado, ni estando dentro de casa se quitaba la capucha y las gafas de sol, no hablaba absolutamente nada, menos cuando bebía claro, incluso su cuerpo se estaba encorvando cada vez más de tanto mirar hacia el suelo. Isra quería comportarse normalmente, pero es que para el era totalmente imposible, y eso le hacía sentir cada vez y peor y peor, y mucho peor se sentía dándose cuenta que utilizaba toda su inteligencia para conseguir porros, pero para el resto de cosas de la vida se había convertido en un inútil total. Ya no había nada que hacer, ni porros, no alcohol, ni tranquilizantes, ya había dado por hecho que no tenía solución. La familia intentaba acercarse a él pero era totalmente imposible.
      Dicen que los milagros existen, y a veces ocurren de manera que no parecen un milagro porque surgen de manera que no se aprecia, de manera lenta, pero existen. Una conocida de Isra de hacía muchos años, se enteró de como estaba, fue a visitarle aunque la visita no duró ni 5 minutos porque el chaval estaba deseando que se fuera, y ella lo notó y se fue. Aunque a las pocas horas le llama por teléfono, diciéndole que ha hablado con una chica que es la directora de un centro de rehabilitación de drogodependientes y que le rogaba por favor que fuera, que ella le acompañaría y que tenían cita al día siguiente a las 8 de la mañana. Tanto se lo pidió que Isra se animó, pero más por cumplir que por otra cosa, porque su esperanza ya estaba perdida.
     Pues bien, fueron, y la terapeuta de ese centro le recibió de tal manera que consiguió que Isra viera un poquito la luz, se sintió comprendido, entendió que no estaba loco y que había más gente en la misma situación, porque Isra entendía por tener una problema de drogas aquel que tiene problemas con la justicia, que vive en la calle, que se pincha y tal, y no era este el caso, por tener esa imagen del problema Isra se pensaba que lo suyo no era un problema de drogas, porque su caso era todo lo contrario, si no que daba por hecho que se estaba quedando loco, paranoico y enfermo mental, pero entendió que no era así, si no que él tenía un aislamiento ante la sociedad que lo llevaba arrastrando de hace muchos años, pero por culpa de tanto fumar cannabis, todo se había multiplicado, hasta llegar al punto de casi rozar la locura. El casó es que Isra se animó y quiso probar, para entrar al centro había muchas condiciones, que no le gustaban, como no poder ir nunca solo, comunicarle el problema a toda la familia, no poder ir en chándal, no tener móvil, no tener dinero... Eran 1500 normas, pero pudo más esa luz que vio de esperanza a todo el rechazo que le provocaban las normas. Ese mismo día la terapeuta del centro le llevó a médico, para encontrar una medicación sustitutiva a los porros, puesto que para entrar al centro debería llevar mínimo 2 semanas de abstinencia. Esa medicación era tan fuerte que esas 2 semanas las pasó prácticamente durmiendo, se la rebajarían al subir al centro.
      Llegó el día de subir al centro, lo hizo con su madre y con esta amiga que se puso en contacto con ellos, le recibieron, le explicaron un poco el funcionamiento de la casa  a los 3 y los acompañantes se fueron. A partir de ese día Isra lo cuenta como su nuevo nacimiento. Los primeros días fueron horribles, no paraba de llorar lo que no había llorado jamás, las terapeutas le decían que era la abstinencia; se escondía constantemente buscando un refugio donde nadie le hablara, los compañeros del centro siempre estaban buscándole, y cuando le encontraban más y más lloraba el chaval, hizo la maleta para irse a casa 100 veces, pero siempre encontraba unas palabras de ánimo de parte de terapeutas y/o compañeros para continuar. Más o menos cumplido un mes en el centro Isra iba ya pareciendo una persona normal, había conseguido cosas que para otros pueden ser normales pero que para él eran ya casi desconocidas, como es el poder comer con apetito sin haber fumado antes, dormir sin haber fumado antes, poder comer en un lugar con 25 personas en la misma habitación y además tener una conversación con ellos mientras, había encontrado aficiones que le motivaban mucho que no tenían nada que ver con los porros y el alcohol. Pero había algo que le hacía sentir bien de verdad, y era el ayudar a sus compañeros, puesto que él se había querido ir muchísimas veces del centro, cada vez que veía a alguien mal y con ganas de dejarlo todo, ahí estaba El Isra para ayudarles a encontrar una motivación para seguir. Eso le hacia sentir poderoso, esto mismo lo hacía con la familia cuando tenía permisos para ir a casa, y funcionaba. Por fin estaba encontrando sentido a la vida.
     Estuvo 14 meses en el centro, no fue todo bonito, hubo muchos bajones, que tenía que aprender a afrontarlos sin consumir nada, y eso él no sabía hacerlo. Las primeras crisis de tristeza fueron horribles, pero las superaba, conociéndose a él mismo cada vez más, hasta que encontró el equilibrio y ahora sus días tristes los asume como cualquier persona los puede tener, consciente de que acaban terminando, y orgulloso de poder superar esas crisis sin tener ese instinto de ir a fumar o a beber para solucionarlas.
     Actualmente Isra lleva fuera ya casi un año, sigue siendo un chaval solitario, y es cierto que a veces le cuesta un poco salir a salir a la calle. Pero ha asumido que él así, no se culpa ya, si no que está a gusto consigo mismo aceptando sus limitaciones pero con el coraje suficiente para intentar ponerle solución. Se está marcando pequeñas metas y las va consiguiendo, está descubriendo que cosas le gustan y que no, para poder en un futuro dedicarse a ellas, ayuda a su familia en todo lo que puede, habla con ellos, les cuenta cuando está mal y por qué. Ya le han explicado y él ha comprobado, que para siempre va a tener ese instinto de solucionar sus problemas consumiendo, pero que cada vez será mas leve esa sensación, aunque hay que asumir que será para toda la vida, y siempre va a tener que luchar contra eso. También está haciendo nuevos amigos, y a veces llega a casa sorprendido de la facilidad que tiene para relacionarse sin tener que estar fumado ni bebido, es una tontería pero él no sabía ya lo que era eso ni que se sentía haciéndolo. En fin, Isra ya es un chaval normal, con un aprendizaje a la espaldas muy duro pero muy útil. Él siempre dice que habiendo pasado por todo lo que ha pasado, cualquier cosa que le venga ahora lo superará sin problema. Y así es.
FIN

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     Con esta historia mi intención mandar un mensaje claro de que el cannabis sí es adictivosí es malo para la salud, sobre todo la salud mental. Si tienes algún pequeño problema latente, ten por seguro que el consumo abusivo de cannabis va a hacer que ese problema despierte, de hecho hay mucha gente joven consumidora habitual que ya ha visitado más de una vez algún centro psiquiátrico. Es una droga que te desmotiva, que si tienes ganas de hacer algo un día, como fumes antes, no lo vas a hacer, si no que te vas a quedar en casa apalancado, y esto lo coges como rutina, acabarás como el chaval de la historia. Es una droga que te produce paranoias, te altera tu ritmo cardíaco, y no hace falta que diga lo que le afecta a tus pulmones.
      Siempre que necesites una sustancia para hacer algo (en el caso del cannabis para dormir y comer sobre todo), ten claro que esa sustancia es adictiva, pueden venirme todas las personas del universo que quieren a hacer legal el consumo de marihuana a darme todos sus argumentos, que yo seguiré diciendo que el cannabis es adictivo, y totalmente perjudicial para la salud.
      Está claro que no a todo el mundo le sienta igual, pero también está claro que todo el que ha tenido problemas de drogas empieza poco a poco: "yo solo por la noche, yo solo cuando salgo y no siempre...." hasta que reaccionas y no puedes vivir sin esa sustancia. Y esto pasa también con el cannabis, y punto.
     Espero que les haya gustado y este relato quedará aquí escrito y estoy seguro de que algún día alguien lo leerá, se sentirá identificado y le hará reflexionar. Muchas Gracias.

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