NO JUZGUES SI NO QUIERES SER JUZGADO

      Somos muchas las personas que presumimos de tener muy buen ojo para distinguir de qué pie cojea cada uno, que tenemos intuición para saber con quien debemos ir y con quien no, quien es buena gente y quien no. Pero alguna vez te has parado a pensar ¿Es intuición o es que juzgo a todo el que se me acerca? Este es un tema en el que yo me he tenido que dar con un canto en los dientes y recibir una buena patada de humildad. Me creía muy listo hasta que me encontré a alguien más listo que yo.
     Para saber distinguir si son prejuicios o intuición mi truco es el siguiente: ¿Alguna de las intuiciones que tengo hacia los demás son positivas? Si la respuesta es que no, o la mayoría de las veces no, te digo una cosa: estás lleno de prejuicios.

     Cuantas veces habrás pensado lo harto que estás que hablen de ti sin conocerte y sin pararse a pensar como te puedes sentir. Pues la realidad es que lo hacemos casi todos, lo que ocurre que solamente nos afecta cuando nos toca vivirlo en nuestras carnes.
Con el tiempo me he dado cuenta de una cosa, si dejas de opinar de como es la vida de uno, de que harías tu en su caso (porque es muy fácil arreglar los asuntos de otro viéndolo desde fuera), si dejas de hablar de su comportamiento y sus actitudes, siempre sin estar esa persona presente; dejarán de hablar de ti. Esta comprobadísimo, siempre se ha dicho que uno recibe lo que da, o que uno recoge lo que siembra, y es totalmente cierto.
     Lo mismo pasa con los colectivos, hay un estereotipo para cada colectivo, y es una injusticia tremenda. Por ejemplo, alguien que sólo conoce desde fuera el problema de las adicciones a las drogas, asocia inmediatamente a la persona adicta con problemas con la justicia, con vivir en la calle, con violencia, incluso con la delgadez extrema y enfermedades. Es así y es totalmente injusto. Hay personas adictas que nunca han discutido con la familia, que no tienen problemas legales, que no utilizan la violencia, que incluso tienen mucho dinero, pero ellos no llaman la atención, lo sufren en soledad, por eso no nos damos cuenta que hay casos así, lo pasamos por alto y nos quedamos con la imagen del prototipo de adicto conflictivo.
      Otro ejemplo es el colectivo homosexual, el que no lo es y no ha tratado con estas personas, tiene la imagen del típico gay escandaloso, afeminado, que va a la última en moda, le gusta la decoración de interior..... Es una injusticia pensar que son todos así, cuando hay personas totalmente normales que no utilizan su homosexualidad como su característica principal, si no que potencian otras virtudes, porque una persona no es principalmente gay y luego todo lo demás, si no que primero es un ser humano como todos, con muchísimos atributos buenos o malos y luego después de todo eso, es gay. Y por culpa de ese prototipo de persona homosexual que hemos creado en la sociedad, hay muchos que no se atreven a ser uno mismo, porque automáticamente le van a incluir en ese grupo, y para evitar eso, deciden vivir en un estado de represión, lo que les lleva a no poder ser naturales nunca. Una pena, pero cierto.
     Cuando juzgamos a alguien con algo malo, no le estamos dando una oportunidad para mostrarse tal y como es, porque ya le hemos puesto una etiqueta desde el minuto 0. Cada persona es un mundo, todos tenemos cosas malas, pero si solo nos fijamos en eso malo, no dejamos que nadie demuestre su parte buena, y es una pena, porque todos somos únicos, y cada uno puede aportarnos algo positivo, y cada uno a su manera, aunque sea lo que no debemos hacer, y no es justo. Así que si no te gusta que lo hagan contigo, no lo hagas tú con los demás.
     Un Saludo y Gracias.

Si te ha gustado esta entrada, descárgatela en .pdf aquí.